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¿Sabemos quién cose la ropa que nos ponemos?

Artículos 🕔Junio 26, 2017 Sin comentarios

La mayoría de los consumidores, sobre todo en este tiempo de crisis, cuando vamos a comprar una prenda buscamos algo que cumpla una simple regla, que sea bueno, bonito y barato. Incluso algunos tratan de averiguar, de qué materiales está hecha (algodón, hilo, lycra, seda, viscosa…), pero pocos son los que miran la etiqueta para comprobar dónde se ha fabricado. Nos da lo mismo con tal de que sea algo bueno, bonito y sobre todo barato.

Una situación como la actual, ¿no tendría que llevarnos a pensar algo más cada una de nuestras decisiones de compra? Por ejemplo, ¿cómo un gigante empresarial como Inditex, cuyo dueño, Amancio Ortega, acumula una fortuna de 38.000 millones de euros, (es el tercer hombre más rico del mundo, según Bloomberg), puede ser acusado de fabricar prendas en talleres ilegales en alguno de los países en los que tiene proveedores? Sobre un grupo empresarial como Inditex no podría recaer la más mínima sospecha de duda en lo relativo a la legalidad de sus proveedores y al trato humano de estos con sus trabajadores. Es creíble que Inditex audite el trabajo realizado por sus proveedores, pero también habría que exigirle que llegara a todos y cada uno de ellos (tiene la suficiente capilaridad para hacerlo y comprobar que efectivamente cumplen con unas condiciones de trabajo dignas).

¿Sabemos quién cose la ropa que nos ponemos?

Empresas bajo sospecha

De hecho, ya hay quienes han hecho oficial esta petición. Una campaña internacional (La campaña “No más excusas-No more excuses) pide el apoyo popular para exigir a multinacionales como Inditex, H&M, Gap y Levi’s que cumplan con su propio código de conducta. Uno de los últimos llamamientos en este sentido lo han hecho las trabajadoras de las fábricas de ropa de Camboya, donde se abastacen muchas marcas como las mencionadas, exigiendo que se les pague un salario digno

Otro dato a tener en cuenta son las acusaciones contra una de las marcas del grupo Inditex, Zara, llegadas desde Argentina, concretamente de la ong La Alameda, que ha presentado una denuncia penal contra dicha marca por haber encontrado un taller clandestino con ropa etiquetada con el nombre de Zara. Desde la compañía se rechaza esta acusación y señalan que los 60 proveedores con los que trabaja en Argentina cumplen los estándares de conducta que se les exige, realidad que han constatado en las 300 auditorias realizadas.

Tal vez este tipo de talleres clandestinos no existirían si los consumidores cuando acudiéramos a adquirir algún producto exigiéramos más juego limpio. Porque es evidente que hoy más que nunca el usuario, el cliente, tiene el poder para decidir entre la gran variedad de oferta existente y para exigir a las marcas un mínimo de compromiso social y ético. Y no me refiero solo a contar con fundaciones, que les ayuden a mejorar su imagen corporativa a través de campañas y ayudas sociales que, les sirvan como desgravaciones fiscales. Todo ello está bien, pero creo que ha llegado el tiempo de ir más allá y de que las grandes marcas den ejemplo de un compromiso social real, no solo contribuyendo a crear y mantener empleo en sus países de origen y allá donde se expandan, sino creciendo de forma ética y sostenible.

Cada acción en ese camino cuenta, la manera en la que se dan las puntadas para confeccionar una prenda también.

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