Ecolocal

Enoturismo, algo más que visitar bodegas

Turismo sostenible 🕔marzo 13, 2017 Sin comentarios

El enoturismo no es solo visitar bodegas y catar vinos. En torno a esta actividad turística se han desarrollado variadas actividades que tienen como finalidad potenciar el conocimiento y riqueza de las distintas zonas de producción de vino. En primavera, mayo y junio, y en otoño, septiembre y octubre coincidiendo con la vendimia, es la mejor época para practicar el turismo enológico.

Enoturismo, algo más que visitar bodegas

El enoturismo o turismo enológico está dedicado a potenciar y gestionar la riqueza vitivinícola de una determinada zona. En España se ha desarrollado en los últimos años este nicho del mercado turístico gracias a la riqueza y variedad de zonas vitivinícolas existentes. Según los datos de la Organización Internacional de la Viña y del Vino (OIV), España tiene la mayor extensión de viñedos del mundo con 1,018 millones de hectáreas destinadas al cultivo de la vid, que producen hasta 69 vinos reconocidos con Denominación de Origen.

20 Rutas del vino para aprender cómo se elabora

El turismo enológico se ha establecido como una alternativa para el turismo de fin de semana y escapadas cortas. Visitar las bodegas para conocer el proceso de elaboración del vino es el principal atractivo del enoturismo pero también se han generado otras actividades vinculadas con el vino que traspasan los muros de las bodegas.

El número total de visitantes registrados por las bodegas que forman parte de las 20 rutas integradas en Rutas del Vino de España ascendió el pasado año a 1.689.209, una cifra que refleja la tendencia en alza del enoturismo y que supone un aumento del 18,08% respecto al año anterior, según la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN). A pesar de la crisis, este sexto informe refleja una tendencia al alza del enoturismo favorecido también por la incorporación de nuevas rutas del vino.

Las rutas que atraen más turistas se sitúan en la zona del Penedés en Cataluña y por el sur es la ruta del vino del Brandy de Jerez la que consigue el mayor número de visitantes.Parece que en estos casos, además del atractivo de conocer el lugar de procedencia de los cavas y vinos dulces de estas zonas influye su cercanía con lugares muy turísticos y tener algunas de las bodegas históricas más conocidas, como González Byass en Jerez.

Las zonas del interior de Ribera del Duero, Rioja Alavesa, Rioja Alta o Rías Baixas ascienden posiciones en el ranking cada año. El diseño de bodegas emblemáticas obra de grandes arquitectos y el desarrollo de una oferta turística de alojamiento y gastronomía vinculada con estas zonas contribuye a este ascenso.

Gastronomía, arquitectura y aventura se unen en el enoturismo

Las Rutas del Vino ofrecen una amplia variedad de actividades y experiencias. Visitar las bodegas, aprender cómo se elabora el vino y catar los distintos vinos que se producen son una parte del atractivo del enoturismo. Pero hay más.

Descubrir las bodegas diseñadas por grandes arquitectos como Frank Ghery (Marqués de Riscal), Santiago Calatrava (Ysios) o Norman Foster (Bodegas Portia) y cómo han integrado en vanguardistas construcciones todo el proceso de elaboración y crianza del vino atrae a un elevado número de visitantes. Participar en la vendimia es una actividad que proponen tanto pequeñas como grandes bodegas para culminar en muchos casos con el pisado de la uva. Y los más sibaritas se sentirán atraídos por la oferta gastronómica de las diferentes zonas y su maridaje con el vino.

Tradición y cultura en la Rioja Alta

Escoger entre la enorme oferta turística enológica de La Rioja es complicado porque hay alternativas para todos los gustos. Solo en el Barrio de la Estación de Haro, en la Rioja Alta, se ubican algunas de las bodegas más conocidas de Rioja como Muga, Bodegas Bilbaínas, CVNE o López de Heredia.

Enoturismo, algo más que visitar bodegas

Proceso de vaciado de las tinas en Bodegas López de Heredia.

Una visita a la bodega de López de Heredia Viña Tondonia, la más antigua de Haro, cautiva por la manera artesanal en la que se siguen produciendo los vinos en esta centenaria bodega. Tinas y barricas de roble sirven para la fermentación y crianza de unos vinos en los que todo el proceso se realiza de forma natural sin necesidad de recurrir a productos químicos. La bodega subterránea con calados de hasta 200 metros de largo y más de 10 metros de profundidad dentro de la montaña guarda miles de barricas hechas, todavía hoy, a mano por un artesano tonelero.

Como contraste se puede visitar Bodegas Sonsierra, primera cooperativa en Rioja que comenzó a comercializar vinos embotellados, donde el vino se elabora en asépticos depósitos de acero para luego ser criado en barricas de roble. Una visita a los viñedos de esta bodega nos ofrece la posibilidad de ver los distintos tipos de cultivo y también restos prehistóricos vinculados al cultivo del vino desde la época romana como lagares, necrópolis o bodegas.

Imbuidos de toda la cultura que gira en torno al vino no se puede dejar de visitar el Museo Vivanco de la Cultura del vino en Briones. Un espacio creado por la familia Vivanco para albergar la historia del vino y los objetos y obras de arte que han ido recopilando a lo largo de años hasta dar forma a su sueño en este museo. De forma muy didáctica y clara se explica el nacimiento del vino, el cultivo y las variedades de suelos y uva que dan vinos diferentes en cada zona, la vendimia, la elaboración del vino y el proceso de fermentación hasta llegar a una amplia colección de arte de todas las épocas. Un museo de contrastes que se completa con un paseo por el Jardín de Baco donde se recogen más de 220 variedades de uva.

Esta ha sido la ruta de enoturismo que he seguido este año pero seguro que vosotros conocéis otras rutas y bodegas. Aprovechad los comentarios y contádnoslas.

No hay comentarios

Qué opina la gente

Escribe un comentario

Opina!